Foto de Pablo Ibáñez para Arainfo

Nací en 1978 en Zaragoza. Mi infancia y adolescencia pasó entre Delicias y el “Polígono Universidad” junto a mis padres. Ahora resido en Parque Goya, uno de los nuevos barrios de mi ciudad, situado al norte y compuesto al 100% por vivienda VPO y vivienda social municipal. Un barrio de familias jóvenes, de esos con muchos niños y niñas. Tengo dos hijas preciosas y comparto la vida con mi imprescindible compañera. Nos acompaña un perro mestizo (y flaco).

Trabajador de las artes gráficas y digitales, la publicidad y la producción (técnica y de vídeo) para eventos, giras o ciclos. Comencé a trabajar a los 17 años, mientras terminaba el bachillerato y un ciclo de Formación Profesional dirigido a las artes gráficas.

Soy también un activista social y militante de izquierdas. Con 15 años ingresé en Izquierda Unida, el PCE y en el Sindicato de Estudiantes. Tomo especial compromiso con el movimiento estudiantil desde el impulso del nuevo Sindicato de Estudiantes de Izquierdas en 1994. Durante años, junto a muchos y muchas, extendimos la organización y la movilización de los estudiantes en Aragón.

Participé activamente en el Área de Juventud de Izquierda Unida de Aragón, siendo coordinador de la misma durante una temporada. Durante un corto periodo -y cuando aún era muy joven- pertenecí al Consejo Federal de Izquierda Unida. Actualmente pertenezco a la Coordinadora de Aragón de Izquierda Unida. Participo también de la iniciativa “Manifiesto por el socialismo” -en defensa del marxismo- y en “Rebélate”, iniciativa por “Una izquierda combativa para un nuevo Aragón” que disputó la última Asamblea de Izquierda Unida de Aragón.

Entre 2006 y 2010, entré en cierto desanimo, provocado por los terribles efectos de la Expo 2008 en los movimientos socio-políticos de Zaragoza; la crisis general de distintas organizaciones; y la desmovilización social. Por contra, son los años en los que más pude disfrutar a nivel profesional, trabajando como autónomo en distintos proyectos propios y ajenos.

En 2010 participo con alegría (ya era hora) en la primera huelga general de la década actual frente a los recortes sociales y de derechos en la segunda legislatura de Zapatero. Los efectos de la crisis y la falta de perspectivas (personales y colectivas) alentó la explosión del 15M pocos meses después (ya en 2011). Una parte importante de la población -una buena parte jóvenes-, decidimos experimentar la autoorganización -y tomar el espacio público- para plantar cara a las políticas que pretendían (y pretenden) hacer recaer las consecuencias de la crisis de la economía capitalista en las espaldas de la mayoría de la sociedad. Las mismas políticas que tratan de apuntalar el maltrecho Régimen del 78 para seguir manteniendo los privilegios de unos pocos. Por eso aquello de “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”; o el también muy conocido “no nos representan”.

En paralelo nuevas plataformas sociales surgieron. Mareas, plataformas, jornadas de lucha internacionales… Y entre ellas las PAH y Stop Desahucios, donde hemos construido una de las mejores experiencias de organización social. Entre muchos y muchas hemos construido una alternativa colectiva a una de las peores expresiones de la crisis capitalista como son los desalojos forzosos de viviendas habituales. Miles de desahucios paralizados, ocupaciones de oficinas y manifestaciones… Influencia social para proponer cambios legislativos, campañas de recuperación de viviendas vacías en manos del sector financiero.  Es difícil de resumir todo lo que estas plataformas nos han aportado a quienes participamos en ellas.

Y llegaron las Marchas de la Dignidad de 2014, en las que también participamos de forma entusiasta. Toda la experiencia acumulada en el último periodo de luchas alcanzaba su madurez con un movimiento masivo y unificador capaz de reunir en Madrid más de un millón de personas para reclamar “pan, trabajo, techo y dignidad”. El gobierno de Rajoy necesitó usar una violencia desmedida -aquel 22 de marzo- para intentar empañar una movilización combativa basada en la desobediencia civil pacífica e impedir que se tornara en una movilización permanente.

El año siguiente llegaron las elecciones municipales. Y por primera vez en multitud de ciudades y pueblos arrancaron procesos de unidad popular para intentar dar cauce a todas las fuerzas que opusieron resistencia a las recetas de La Troika y de los gobiernos españoles. Ahora Madrid, Barcelona en Comú, las mareas gallegas… Y también Zaragoza en Común terminaron por ocupar los gobiernos municipales. Decenas de grandes municipios eran -en la mayoría de los casos- gobernados por primera vez por fuerzas de izquierdas alternativas al bipartidismo y el Régimen del 78. No se entendería este vuelco político en 2015 sin todo el periodo anterior de movilizaciones y acumulación de experiencia. La crisis primero transformó nuestras condiciones de vida y después nuestra conciencia. Y con aciertos y errores, con victorias y también muchas derrotas, podemos estar orgullosos del camino recorrido.

El resto de esta historia queda por escribir y espero hacerlo junto a vosotros y vosotras. Después de este pequeño periodo de resaca en la movilización social, de reacción del sistema y de la derecha política; es hora de volver a la calle, a las plataformas. Es hora de relanzar la autoorganización popular. Si alguna conclusión he sacado de mi paso por las instituciones del sistema, es precisamente esa. Necesitamos poder popular, necesitamos posiciones de fuerza que empujen frente a toda la maquinaria del estado y de los sectores privilegiados a los que sirve. Creo que mi primera obligación como “cargo público” de la unidad popular -mientras lo sea- es denunciar que las actuales instituciones no son parte de la solución, son parte problema. Están diseñadas para perpetuar el sistema, no son neutras. Cada vez más convencido de la necesidad de alumbrar esa nueva sociedad que queremos construir, y que yo llamo socialista.